La calidad de los proveedores como obstáculo para los emprendedores

Habría podido dedicar un blog exclusivo a los obstáculos que he encontrado desde que decidí tener de nuevo mi propio despacho. Los obstáculos burocráticos los conocía y resultaron fáciles de controlar. La selección y contratación de proveedores relacionados directamente con el negocio tampoco entrañó ninguna dificultad. El problema surgió, como siempre, con la ejecución de las obras de reforma de la oficina.

Estar en uno de los edificios más inteligentes de la ciudad, que también estaba siendo reformado, ha exigido una dosis terrible de paciencia, que tendrá que durar hasta marzo, cuando se espera que alcance el nivel de inteligencia y autonomía que se espera de él. Mientras, las obras han sido un magnífico escenario para comprobar los niveles de calidad y servicio de cada proveedor. Y los resultados han permitido confirmar algo que ya sabía, pero que pensaba poder evitar seleccionando a los mejores proveedores: lo mejor para un nuevo negocio es ocupar unas instalaciones que permitan centrarte desde el principio en tus objetivos y planes, sin distracciones inoportunas.

Las obras de reforma se iniciaron el 2 de julio y finalizaron el 15 de septiembre. Pero lo que más tiempo y atención ha exigido ha sido la subsanación posterior de los errores cometidos durante la obra. Defectos de instalación o ejecución que han afectado al aire acondicionado, la instalación eléctrica, la pintura, la telefonía IP, el acceso a Internet…

La gran paradoja es que cuanto más inteligente es una instalación, más errores da o más difícil es configurarla. Un ejemplo ha sido el aire acondicionado, que ha exigido la actualización del firmware de los equipos varias veces, hasta que ha aprendido lo que queríamos decir al ajustar el termostato. Tras cientos de horas dedicadas por el proveedor a enseñarle a combatir el calor, ahora llega el frío. Justo cuando había aprendido a decir pinícula, van y le llaman flin.

Error humano, informática y bolsa

Versión online del artículo publicado en Expansión el día 12 de mayo de 2010

Errores, órdenes de venta automáticas y volatilidad, una mezcla explosiva que costó 700.000 millones de dólares en unas horas. El análisis del episodio que se vivió en Wall Street el pasado 6 de mayo hace que nos preguntemos hasta qué punto es actualmente predecible y evitable esta combinación de fatalidades o de maniobras especuladoras en un entorno tan sensible como la bolsa.

Si la brusca acumulación de órdenes de venta tuvo realmente su origen en el tecleo de una B en lugar de una de M, el fenómeno no es nuevo y justamente por ello se plantea si podía haberse evitado e incluso si hubo algún ingrediente intencional. En cualquier actividad humana concurren factores ambientales, personales y estadísticos que configuran el nivel de probabilidad de que se produzca un error. Y ese riesgo es calculable mediante una simple fórmula matemática.

El Ministerio de Trabajo ha analizado la fiabilidad humana en la prevención de errores que pueden ocasionar accidentes laborales e incluso desastres en ciertas industrias. En la Nota Técnica de Prevención 377 se analizan distintos métodos de cálculo y predicción del error humano. Uno de los métodos más utilizados es THERP (Technique for human error rate prediction). Esta técnica considera a la persona como una fuente de fallos, y a partir de ahí, identifica las funciones que pueden verse afectadas por ellos y estima las probabilidades de ocurrencia del error.

La probabilidad de un error elemental se obtiene a través de la siguiente fórmula: P(E) = P1 K P2, donde P1 es la probabilidad nominal de error, K es un coeficiente de corrección (Por ejemplo, el nivel de estrés de la persona) y P2 es la probabilidad de no recuperación del error.

Pero en el caso que nos ocupa, una fórmula predictiva sólo nos serviría para confirmar el enorme riesgo asociado al tratamiento de datos que son interpretados por sistemas automatizados que pueden tomar decisiones masivas sobre compra y venta de acciones sin el filtro racional previo que puede aportar el ser humano.

Además de la posible manipulación especuladora, esta serie de fatalidades consistente en un dato erróneo y la posterior avalancha de órdenes provocada por los mecanismos stop loss de los sistemas de trading automatizado ya se ha dado en anteriores ocasiones. Recordemos el caso de la compañía aérea norteamericana sobre la que un sistema automatizado de noticias recuperó por error una nota de prensa relativa a su suspensión de pagos que se había emitido muchos años antes. Los sistemas de trading reaccionaron inmediatamente con órdenes de venta que provocaron el desplome del valor bursátil de la compañía en más del 75% en pocas horas.

El error afecta a todas las actividades del ser humano y las nuevas tecnologías pueden contribuir tanto a evitarlo como a facilitarlo y a amplificar sus efectos. En el caso de la bolsa, la clave radica en el proceso de introducción de los datos y en el diseño de sistemas que incorporen mayores medidas de seguridad.


La SEC estudia qué medidas debe aplicar
para impedir o limitar los efectos del pánico informatizado derivado de este tipo de errores y de la automatización de las transacciones, pero estas medidas ya deberían existir en una plaza como Wall Street. Extraña que el número de acciones a vender o comprar y el precio de las mismas se introduzca con letras y no con números. Ello se deduce de la alegada confusión entre la B y la M. Lo normal sería introducir la cifra en números dos veces de manera que el sistema pudiese detectar eventuales discrepancias entre las dos entradas. También es habitual establecer rangos de seguridad en los formularios electrónicos, mediante un algoritmo que pida reconfirmación en las operaciones superiores o inferiores en un determinado porcentaje sobre el valor esperado en ese campo. Por ejemplo el 60%, que fue el rango que aplicó Wall Street para anular las órdenes contaminadas por el presunto error.

Otra cautela obvia que debería introducir la SEC es la necesidad de intervención humana reconfirmando las órdenes de venta cuando el sistema detecte la aplicación automática y masiva del mecanismo stop loss. El algoritmo tendría en cuenta en este caso el número de órdenes relativas a un determinado valor, sesión o franja horaria, así como el número de acciones implicadas en las transacciones y el precio de las mismas. Cuando se confirmasen las reglas previstas en el algoritmo, podría exigirse en la confirmación de la operación.

En resumen, se trataría de incluir en el proceso de contratación de valores una serie de garantías previas, coetáneas y posteriores a la transacción, que ya existen en plataformas de comercio electrónico mucho más modestas e inofensivas que el parquet electrónico de Wall Street.