25 años después de mi primer chat

Cuando en una entrada reciente hablaba de mis experiencias en las frecuencias de 27 y 144 Mhz me refería a equipos de radioaficionado. En los años 70, si tu presupuesto era limitado, podías construir una emisora de CB con kits formados por el circuito impreso, los condensadores, las resistencias, los diodos y los transistores de salida, que podías fundir si la antena no estaba bien ajustada y se creaban ondas estacionarias. La antena era un dipolo hecho con cables y aisladores de cerámica. Los kits más populares eran Car Kit y Sales Kit, que todavía se venden.

Podías construir una emisora o una etapa de potencia para la guitarra eléctrica por 500 pesetas. Había incluso una solución más barata, que consistía en pintar el circuito en una placa que llevaba una capa de cobre. Después lo sumergías en ácido y éste se comía todo el cobre que no formaba el circuito. El que diseñaba un buen circuito podía registrarlo y comercializarlo porque entonces había muchos más aficionados que ahora. 

A principios de los 80, se diseñaron unos teclados TTX que supongo han pasado a la historia. Cada tecla emitía unos impulsos de radiofrecuencia que correspondían al código Morse de cada letra. La salida de audio se conectaba a la entrada de micro de una emisora de radioaficionado, la entrada de audio se conectaba a la salida de auriculares de la emisora y la salida de vídeo compuesto a la entrada de vídeo de un monitor o televisor. El mismo televisor que después me sirvió para el Sinclair ZX81.

Para realizar un chat (si puede llamarse así), tenías que mantener pulsada la tecla PTT (push to talk) de la emisora o del walkie y empezar a teclear. El destinatario del mensaje veía cómo el texto iba apareciendo en su monitor. Cuando acababas, liberabas la tecla PTT y tu interlocutor seguía el mismo procedimiento. El sistema era más ortopédico y lento que el telégrafo pero era apasionante experimentar con nuevos artilugios y realizar un chat inalámbrico y analógico en aquellos tiempos.

¿Y qué hace un abogado hablando de estos asuntos? Pues además de hacer de abuelo cebolleta, rendir homenaje a la curiosidad. La curiosidad como motor del aprendizaje. Probablemente, la principal motivación de los primeros pasos de un bebé o de cualquiera que quiera introducirse en un nuevo campo del saber.

La curiosidad también había llevado a muchos en los 70 a analizar las frecuencias utilizadas por las compañías telefónicas y a sustituir las descargas de los encendedores piezoeléctricos por las populares cajas de colores. Con el uso de la frecuencia de 2600hz y otras de rangos cercanos se consolidó el phreaking.

Y fue también la curiosidad la que llevó, tanto a profesionales como a aficionados, a analizar las posibles vulnerabilidades de los servidores conectados a algún tipo de red. E incluso a explotarlas para conseguir el acceso a su interior.

Hasta ahora ese simple acceso, sin apropiación, alteración ni destrucción de datos, tenía difícil encaje en el Código Penal. La novedad, ya avanzada cuando se aprobó la Decisión Marco y cuando entró el proyecto en el Parlamento, es que el Congreso de los Diputados está discutiendo una reforma del Código Penal que tipificará el simple acceso como delito. También se incluirá como tipo penal el ataque de denegación de servicio (DOS). Justo ahora que, según dicen, ya casi casi empieza a ser posible evitarlo